
La propuesta de convertir en permanente el impuesto del 1% a las exportaciones de petróleo y carbón enfrenta una fuerte oposición en el Congreso y de expertos, quienes la consideran una medida confiscatoria que podría afectar la inversión, a pesar de que el Gobierno la defiende como una fuente de recaudo necesaria para la estabilidad fiscal.







