
La cancelación del estado de hambruna en Gaza es un alivio temporal que oculta una realidad alarmante: la gran mayoría de su población sigue sufriendo una grave crisis alimentaria, con un futuro incierto y dependiente de la frágil tregua.
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La cancelación del estado de hambruna en Gaza es un alivio temporal que oculta una realidad alarmante: la gran mayoría de su población sigue sufriendo una grave crisis alimentaria, con un futuro incierto y dependiente de la frágil tregua.

La diplomacia internacional se intensifica para asegurar una segunda fase del alto el fuego en Gaza, con discusiones clave centradas en la creación de una autoridad palestina unificada que gobierne el enclave, aunque el éxito de estas negociaciones sigue siendo incierto.

La continuación de los ataques israelíes en Gaza y el constante goteo de víctimas civiles demuestran la extrema fragilidad de la tregua, poniendo en riesgo los avances diplomáticos y la posibilidad de una paz sostenible.

La ambigüedad de Israel respecto a su presencia futura en Gaza, junto con la controvertida sugerencia de establecer unidades ligadas a colonos y la expansión real de asentamientos en Cisjordania, genera una profunda desconfianza y representa un obstáculo significativo para cualquier solución de paz.

El invierno ha convertido la crisis de desplazamiento en Gaza en una emergencia mortal, donde la falta de refugio adecuado y las bajas temperaturas están causando la muerte de niños y exacerbando el sufrimiento de una población que vive entre ruinas.

La Navidad de 2025 en Tierra Santa fue una celebración sombría, marcada por el luto en Gaza y la crisis económica en Belén.
A pesar del dolor generalizado por el conflicto, las comunidades cristianas se aferraron a un mensaje de esperanza como acto de resistencia.

Cisjordania experimenta una peligrosa escalada de violencia, alimentada por la expansión de asentamientos israelíes y una creciente resistencia palestina, lo que amenaza con abrir un nuevo frente en el ya complejo conflicto regional.

Estados Unidos está profundamente involucrado en la búsqueda de una solución diplomática para Gaza, pero su capacidad para dirigir el resultado se ve desafiada por las acciones unilaterales de Israel y las complejas realidades políticas tanto en Washington como en Oriente Medio.

La destrucción sistemática del 80% de los edificios en Gaza ha creado un paisaje apocalíptico y ha desmantelado las bases de la vida civil, generando una crisis humanitaria multifacética que combina la falta de vivienda, el hambre, el desempleo y un miedo generalizado.

El futuro de Hamás es el nudo gordiano del conflicto.
Mientras el grupo siga siendo un actor armado y político en Gaza, y actores clave como Israel y Estados Unidos exijan su desarme total como condición para la paz, las perspectivas de una solución duradera seguirán siendo muy limitadas.