
La abrupta caída de Bitcoin fue un evento multifactorial, impulsado principalmente por presiones macroeconómicas derivadas de la política monetaria de Japón, que generaron una aversión global al riesgo. Esta situación se vio agravada por una débil demanda en el mercado al contado y una cascada de liquidaciones, dejando el panorama a corto plazo en un estado de incertidumbre mientras los analistas debaten la profundidad y duración de esta corrección.










