
El ataque en Aguachica evidenció la sofisticación táctica y tecnológica del ELN, al tiempo que expuso críticas vulnerabilidades en la seguridad e inteligencia militar. La respuesta del Gobierno se centró en una inversión urgente en tecnología antidrones y en el refuerzo de la presencia militar, mientras se generó un debate sobre la capacidad del Estado para enfrentar las nuevas formas de guerra empleadas por los grupos armados.











