
El paro armado nacional del ELN resultó en decenas de acciones violentas, incluyendo ataques mortales en Cali y Santander, demostrando su continua amenaza. La respuesta del gobierno incluyó despliegues de seguridad y recompensas, mientras que las autoridades locales criticaron el fracaso de las políticas de paz y exigieron mayor apoyo para controlar la escalada de violencia.










