
La exitosa temporada turística en Santa Marta confirmó su enorme atractivo y potencial económico.
No obstante, también sirvió como una cruda evidencia de la urgente necesidad de invertir en la mejora de los servicios públicos básicos y de establecer una regulación más estricta y colaborativa del turismo para garantizar su sostenibilidad a largo plazo y proteger su invaluable patrimonio natural y cultural.

