
La enérgica condena por parte de altos funcionarios de EE. UU., incluido el vicepresidente Vance y el secretario de Estado Rubio, a la votación preliminar de la Knéset para anexar Cisjordania, evidencia una grave tensión diplomática. Washington considera la medida una amenaza para el plan de paz de Trump y ha advertido que podría retirar su apoyo a Israel, lo que refleja un choque entre la política interna israelí y la estrategia estadounidense en Oriente Medio.







