
La muerte de Brigitte Bardot deja un legado dual: el de un ícono cultural que revolucionó el cine y la moda, y el de una figura polémica por sus posturas de ultraderecha. Su despedida ha generado un debate nacional en Francia sobre cómo honrar a una personalidad tan influyente como divisiva, reflejando la complejidad de separar al artista de sus convicciones personales.









