
La muerte de quince menores reclutados en bombardeos militares ha generado una crisis para el Gobierno. Mientras la Defensoría del Pueblo pide suspender los ataques y la Procuraduría y Fiscalía investigan, el Ejecutivo defiende la legalidad de las operaciones bajo el DIH, argumentando que los menores eran combatientes, lo que ha desatado un intenso debate político y ético sobre los límites de la acción militar.











