
El alto el fuego en Gaza es prácticamente inexistente sobre el terreno, con ambas partes continuando sus acciones militares mientras se culpan mutuamente.
Este ciclo de violencia socava los esfuerzos de paz internacionales y perpetúa el sufrimiento de la población civil, demostrando la profunda desconfianza que impide una desescalada real del conflicto.




