
El bloqueo naval y la incautación de petroleros por parte de Estados Unidos constituyen una táctica de máxima presión económica y militar para asfixiar al gobierno venezolano. Esta estrategia ha elevado la tensión regional a niveles críticos, provocando la condena de Venezuela y sus aliados, y generando serias advertencias sobre el riesgo de un conflicto y la violación del derecho internacional.










