
La temporada de fin de año en Santa Marta demostró ser un éxito rotundo en términos de afluencia turística y derrama económica, reafirmando su posición como destino líder. No obstante, este auge también sirvió como una cruda exposición de sus debilidades en infraestructura, particularmente en la gestión de basuras y alcantarillado, planteando un desafío urgente para la sostenibilidad de su reputación y la calidad de vida de residentes y visitantes.

