
La reanudación de la violencia amenaza con desmantelar por completo el plan de paz mediado por Estados Unidos, empujando a la región hacia un nuevo y devastador ciclo de conflicto. La profunda desconfianza y las narrativas contrapuestas de ambas partes complican cualquier retorno a las negociaciones, dejando a la población civil en un estado de extrema vulnerabilidad ante la posible escalada militar.





