
La conversación telefónica entre Gustavo Petro y Donald Trump, seguida de una invitación a la Casa de Nariño, marca una desescalada en una de las crisis diplomáticas más graves de los últimos años. Aunque el diálogo abre una vía para la normalización de las relaciones, el contexto sigue siendo complejo debido a la situación en Venezuela y a la fuerte polarización política interna en Colombia, evidenciada por el duro cruce de acusaciones entre el presidente Petro y el expresidente Uribe.










