
La fortaleza del ecosistema de Apple reside en su capacidad para ofrecer un flujo de trabajo ininterrumpido a través de funciones como AirDrop, Handoff y la sincronización con iCloud.
Esta integración nativa entre MacBook y iPhone centraliza las tareas y la comunicación, marcando una diferencia clave en productividad que no se replica fácilmente en entornos con múltiples sistemas operativos.




