
Marco Rubio, el secretario de Estado de Estados Unidos, ha convertido una agenda personal construida durante más de una década desde el Senado, en la política oficial de la Administración de Donald Trump hacia América Latina. Desde el anticomunismo cubano, hasta su enfoque sancionatorio y de presión contra Venezuela, la diplomacia de fuerza del funcionario de raíces latinas busca darle lugar central a Estados Unidos en América Latina y convertir a la región en su “patio trasero”.




















































































