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Amazonía en la encrucijada: entre la deforestación ganadera y un nuevo clima mortal

La selva amazónica enfrenta una doble amenaza existencial: un cambio climático que la empuja hacia un estado 'hipertropical' más seco y cálido, y una deforestación implacable impulsada principalmente por la ganadería que fragmenta sus ecosistemas vitales.
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Un estudio internacional liderado por la Universidad de California en Berkeley advierte que la Amazonía está transitando lentamente hacia un nuevo clima ‘hipertropical’, caracterizado por ser más cálido y con sequías más frecuentes e intensas. Esta investigación, publicada en la revista Nature, proyecta que si continúan los altos niveles de emisiones de gases de efecto invernadero, para el año 2100 las condiciones de ‘sequía cálida’ podrían extenderse hasta 150 días al año, provocando un estrés mortal en los árboles y un aumento generalizado de su mortalidad. Este fenómeno, que no se había visto en la Tierra en millones de años, amenaza con afectar la capacidad del planeta para absorber dióxido de carbono, ya que los bosques tropicales son el bioma que más emisiones humanas captura. Los científicos explican que cuando la humedad del suelo disminuye a un tercio, los árboles dejan de capturar carbono y pueden morir de inanición o por la formación de burbujas de aire en su savia. Los árboles de crecimiento rápido y madera de baja densidad son los más vulnerables.

Se prevé que estas condiciones hipertropicales también podrían surgir en las selvas de África occidental y el sudeste asiático, dependiendo de las acciones que se tomen para reducir las emisiones. Mientras esta amenaza climática global se gesta, en la Amazonía colombiana la deforestación avanza de forma visible.

Un sobrevuelo por los departamentos de Guaviare, Caquetá y Meta —los más afectados— revela un paisaje dominado por potreros para la ganadería, que está reemplazando a la selva y cercando áreas protegidas como el Parque Nacional Serranía del Chiribiquete.

En 2024, la región amazónica perdió 77 mil hectáreas de bosque. Esta devastación es impulsada por la expansión de la ganadería, a menudo apoyada con recursos públicos y créditos del Banco Agrario, y por la construcción de vías ilegales, como la que conecta Calamar con Miraflores. Grupos armados disidentes, como los frentes de alias ‘Mordisco’ y ‘Calarcá’, se lucran de esta actividad a través de la extorsión a los ganaderos.

La deforestación no solo destruye el hábitat, sino que también tiene un profundo impacto social, desplazando a comunidades indígenas como los nukak, cuyo resguardo ha sido invadido por haciendas. Además, pone en riesgo la conectividad entre ecosistemas clave como los parques Chiribiquete, Serranía de la Macarena y Tinigua, afectando la biodiversidad y el ciclo del agua que genera los ‘ríos voladores’, vitales para las lluvias en otras regiones del país.

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