El presidente Donald Trump reitera el interés de Estados Unidos en comprar Groenlandia por razones de seguridad nacional



El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a manifestar su interés en comprar Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca, argumentando que es una cuestión de seguridad nacional. La Casa Blanca confirmó que el tema se está discutiendo activamente con asesores de seguridad, con el objetivo de reforzar la posición estadounidense en el Ártico frente a potencias como Rusia y China. En medio de las tensiones diplomáticas, el secretario de Estado, Marco Rubio, anunció una reunión con representantes de Dinamarca y Groenlandia para abordar el asunto oficialmente. El interés de Washington por Groenlandia no es nuevo y tiene raíces históricas.
Durante la Guerra Fría, la isla fue crucial para la defensa de Norteamérica contra un posible ataque soviético, lo que llevó a la firma de un acuerdo de defensa en 1951 y al establecimiento de la base de Thule, hoy conocida como Pituffik Space Base. Esta instalación sigue siendo estratégica para los sistemas de vigilancia de misiles y seguimiento espacial de EE.
UU.
Actualmente, el deshielo del Ártico abre nuevas rutas comerciales y expone recursos naturales, aumentando el valor geopolítico de la región y de la isla, que es clave para el control del tránsito entre el Ártico y el Atlántico Norte. La discusión se ha intensificado tras una reciente operación estadounidense en Venezuela, que la administración Trump ha utilizado para proyectar una imagen de poder y control de activos estratégicos bajo una revitalizada "doctrina Donroe". El presidente ha declarado que su país "necesita Groenlandia" y que el gobierno evalúa "todas las opciones disponibles" para lograr su objetivo, lo que ha elevado la propuesta de una idea exploratoria a una posición formal del Ejecutivo. La postura estadounidense ha provocado una respuesta coordinada en Europa. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, afirmó que Groenlandia "no está en venta" y advirtió sobre las graves consecuencias que tendría el uso de la fuerza contra un aliado de la OTAN. Líderes de Francia, Alemania, Reino Unido, España y Polonia respaldaron a Dinamarca, defendiendo la soberanía y el derecho internacional.
Por su parte, el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, rechazó cualquier negociación y comparación con otros escenarios de intervención.















