Columnistas reflexionan sobre el crecimiento personal y los desafíos laborales al cierre del año



El cierre del año se presenta como una oportunidad para reflexionar sobre el desarrollo personal y los retos colectivos, desde la superación de la zona de confort hasta la humanización del trabajo en la era digital.
Columnistas de opinión invitan a reevaluar las prioridades para construir una vida más plena y consciente.
El columnista Amylkar Acosta Medina plantea que la temporada decembrina es ideal para romper con la monotonía y salir de la “zona de confort”, un paso indispensable para alcanzar el éxito sin caer en la autocomplacencia. Citando a figuras como Nelson Mandela y el escritor Jorge Zalamea, subraya la importancia de superar constantemente las propias fronteras para lograr mayores realizaciones.
La clave, según Acosta, reside en el conocimiento, que está en perpetua transformación en medio de la cuarta revolución industrial. Antiguamente, la división era entre ricos y pobres; hoy, la diferencia fundamental radica en la conectividad, lo que ha generado una “pobreza digital”. En Colombia, la brecha es inmensa: el acceso a internet en zonas urbanas es del 65.6 % frente a un 23.8 % en zonas rurales.
Por ello, se propone añadir un decimoctavo Objetivo de Desarrollo Sostenible para cerrar esta brecha.
Acosta advierte, citando a Albert Einstein, que no basta con acceder a la información, sino que es crucial generar conocimiento para progresar. Por su parte, el abogado Adrián Argüelles Pertuz reflexiona sobre la cultura laboral que confunde dignidad con sacrificio y que ha normalizado el agotamiento. Sostiene que el 2025 dejó en evidencia el costo de la depresión de alto funcionamiento y las lealtades tóxicas en el trabajo, como el “Síndrome de Estocolmo Laboral”. Argüelles defiende la creación de entornos laborales protectores que garanticen el bienestar y la salud mental como una “deuda histórica”. Ambas perspectivas convergen en un llamado a repensar el éxito y el bienestar.
La conclusión es que el fin de año no requiere más propósitos, sino más permisos: para descansar sin culpa, pedir ayuda y entender que ningún empleo vale la salud mental, bajo la premisa de que “trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar”.





