El Papa León XIV impulsa una profunda reforma interna en la Iglesia mientras enfrenta críticas por su postura en conflictos globales



El pontificado del Papa León XIV se caracteriza por un esfuerzo de profunda renovación interna en la Iglesia católica, orientado a una conversión del poder hacia el servicio, particularmente enfocado en los más pobres. A través de su carta apostólica “Una fidelidad que genera futuro”, con motivo del LX aniversario de los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis, el pontífice llama a los ministros a vivir la comunión volviendo a lo esencial y a adoptar estilos pastorales que anuncien el Evangelio sin miedo. En sus encuentros con la Curia Romana y los empleados del Vaticano, ha enfatizado la necesidad de una Curia más misionera y ha destacado la humildad y la sencillez como valores centrales.
Estas directrices se han traducido en cambios drásticos que buscan desmantelar el clericalismo y el patriarcalismo.
Entre las medidas implementadas se encuentran la eliminación de títulos honoríficos, la disolución del Banco Vaticano para destinar sus recursos a fines humanitarios, la readmisión a la eucaristía para divorciados vueltos a casar, el fin del silencio sobre los abusos sexuales y la denuncia de los responsables ante autoridades civiles. Además, ha propuesto el celibato sacerdotal como opcional y ha promovido la inclusión de laicos y mujeres en la gobernanza de parroquias y diócesis. Estas reformas, que retoman el espíritu del Concilio Vaticano II y la teología progresista de la revista “Concilium”, han generado una masiva resistencia por parte de los sectores más tradicionalistas de la Iglesia. Sin embargo, el papado de León XIV ha sido objeto de críticas por su aparente falta de agilidad y contundencia frente a graves conflictos geopolíticos. Se le cuestiona su tardía y limitada respuesta a la masacre en Gaza, así como su silencio sobre las crisis en Siria y Ucrania, contrastando con la intervención de papas anteriores en momentos cruciales de la historia mundial. Los análisis señalan que, si bien su enfoque renueva la vida interna de la Iglesia, existe una “deuda con la paz” y una ausencia de la “denuncia profética” necesaria para intervenir en situaciones que amenazan la supervivencia de la humanidad.














