India negocia con Estados Unidos para reanudar la importación de petróleo venezolano



La India, el tercer mayor consumidor de petróleo del mundo, está negociando con Washington la creación de un “corredor seguro” que le permita importar crudo de Venezuela sin riesgo de penalizaciones. Esta iniciativa busca obtener una autorización explícita de Estados Unidos para sustituir parte de las importaciones de petróleo ruso, después de que Washington aplicara aranceles punitivos a Nueva Delhi por mantener altos volúmenes de compra a Moscú. Según datos de la consultora Kpler, las importaciones indias de crudo ruso disminuyeron a 1,1 millones de barriles diarios en las primeras tres semanas de enero, en comparación con los 1,21 millones de diciembre y muy por debajo del pico de casi 2 millones registrado a mediados de 2025. En el marco de estas gestiones, el primer ministro indio, Narendra Modi, sostuvo una conversación telefónica con la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez. Ambos líderes acordaron reforzar la cooperación bilateral, especialmente en el sector energético, pero también en áreas como agricultura, ciencia y tecnología, minería y turismo. Para la India, esta alianza también representa una oportunidad para intentar recuperar más de 1.000 millones de dólares en dividendos de empresas estatales con operaciones en Venezuela, fondos que fueron bloqueados por la crisis y las sanciones internacionales. Antes del endurecimiento de las restricciones, Venezuela era el tercer proveedor de petróleo de la India. A pesar de los avances diplomáticos, existen obstáculos significativos.
Fuentes del sector señalan que los primeros cargamentos de crudo venezolano disponibles están siendo redirigidos a Estados Unidos.
La razón es principalmente financiera: los envíos a Texas garantizan pagos en pocos días, a diferencia de las largas travesías hacia Asia, y operan bajo el amparo de órdenes ejecutivas estadounidenses. A esto se suma la incertidumbre legal en las rutas internacionales y el caso de Nayara Energy, una refinería india parcialmente controlada por la empresa rusa Rosneft, lo que podría complicar la obtención de una autorización por parte de Washington.













