Belén retoma las celebraciones de Navidad con austeridad en medio de la guerra en Gaza



Belén ha reanudado sus tradicionales celebraciones navideñas después de dos años de interrupción debido al luto y la paralización del turismo religioso, su principal motor económico. La ciudad palestina, reconocida como el lugar de nacimiento de Jesús, vive una conmemoración atípica, marcada por la austeridad y el dolor por la guerra en Gaza y la escalada de violencia en Cisjordania. La ausencia de peregrinos internacionales ha golpeado severamente la economía local, sumiendo a la población en la incertidumbre y un duelo colectivo.
Las luces y los villancicos han sido escasos, y los hoteles han permanecido mayormente vacíos.
Este año, la decisión de celebrar es vista como un acto de resiliencia y fe.
Las ceremonias han sido contenidas, priorizando los rituales religiosos sobre los grandes festejos.
La emblemática Misa de Gallo se llevó a cabo en la Basílica de la Natividad con fieles locales y un número reducido de visitantes, incluyendo oraciones por la paz en la región. El sentir general se refleja en gestos simbólicos, como un pesebre que muestra al Niño Jesús entre escombros, en alusión a la destrucción en Gaza, donde según la Iglesia de la Sagrada Familia, al menos 23 cristianos palestinos han muerto durante la guerra. Para una ciudad que depende del turismo, la llegada de pequeños grupos de peregrinos se interpreta como una señal de esperanza y solidaridad.
Comerciantes y hoteleros han reabierto con expectativas moderadas, viendo en cada visitante un mensaje de que no están solos.
Las autoridades y líderes religiosos utilizan la ocasión para visibilizar la crisis humanitaria y hacer un llamado a una solución duradera del conflicto. A pesar de la reanudación, la tensión persiste, con declaraciones del ministro israelí Katz sobre el futuro de Gaza que han avivado el conflicto con Hamás.
La Navidad en Belén se vive como una conmemoración de memoria y fe, no como un evento turístico. El vicario general del Patriarcado latino de Jerusalén describió el drama de la población, que enfrenta hambre, desempleo y miedo, con el 80 % de los edificios destruidos en Gaza. En medio de este panorama, la celebración se convierte en una afirmación de la vida y la esperanza, un mensaje de que, incluso en los escenarios más complejos, es posible creer en un futuro de paz y renacimiento.
















