Tras la captura de Nicolás Maduro, el gobierno del presidente Gustavo Petro ha asumido un rol activo para mediar en la transición política de Venezuela, buscando posicionar a Colombia como un actor clave en la estabilidad regional. Esta estrategia diplomática se ha materializado en contactos directos con las nuevas autoridades venezolanas y la propuesta de un diálogo ampliado. El presidente Petro reveló que sostuvo una conversación telefónica con Delcy Rodríguez, quien asumió la presidencia interina de Venezuela, y la invitó a visitar Colombia. El objetivo, según el mandatario, es "establecer un diálogo tripartito y ojalá mundial para estabilizar la sociedad venezolana".
Esta iniciativa busca prevenir un posible estallido de violencia interna en el país vecino, una situación que tendría repercusiones directas en Colombia.
Además, Petro ha mantenido diálogos sobre la situación con otros líderes regionales, como el presidente de Brasil, Lula da Silva, con quien compartió su "preocupación por el uso de la fuerza". La Cancillería colombiana ha señalado que el país ofrece sus "buenos oficios para que esta situación no derive en impactos indeseados para la región, incluido Estados Unidos". Esta movida diplomática representa un cambio en la postura de Colombia, que pasa de ser un observador crítico a un mediador proactivo, intentando influir en el delicado proceso de reconfiguración del poder en Venezuela y, al mismo tiempo, gestionar su compleja relación con Washington.
En resumenEl gobierno Petro está ejecutando un giro en su política exterior al buscar un rol protagónico como mediador en la crisis venezolana post-Maduro. A través del diálogo directo con las nuevas autoridades y la coordinación con otros líderes regionales, Colombia intenta influir en la transición del país vecino y reafirmar su influencia diplomática en el hemisferio.