Esta iniciativa busca prevenir un posible estallido de violencia interna en el país vecino, una situación que tendría repercusiones directas en Colombia.

Además, Petro ha mantenido diálogos sobre la situación con otros líderes regionales, como el presidente de Brasil, Lula da Silva, con quien compartió su "preocupación por el uso de la fuerza". La Cancillería colombiana ha señalado que el país ofrece sus "buenos oficios para que esta situación no derive en impactos indeseados para la región, incluido Estados Unidos". Esta movida diplomática representa un cambio en la postura de Colombia, que pasa de ser un observador crítico a un mediador proactivo, intentando influir en el delicado proceso de reconfiguración del poder en Venezuela y, al mismo tiempo, gestionar su compleja relación con Washington.