Esta doble aproximación —la dura retórica presidencial y la gestión diplomática mesurada— revela una compleja distribución de roles dentro del Ejecutivo. Mientras el presidente busca consolidar su base con un discurso de resistencia antiimperialista, la Cancillería trabaja para evitar una ruptura total de las relaciones, consciente de las profundas interdependencias económicas, de seguridad y migratorias que unen a ambos países. Esta estrategia dual, sin embargo, genera incertidumbre en la comunidad internacional sobre cuál es la verdadera postura del Estado colombiano, arriesgando la coherencia y previsibilidad de su política exterior.