La crisis escaló rápidamente a un enfrentamiento personal, con el presidente Trump emitiendo acusaciones graves contra Petro, a quien describió como un "hombre enfermo al que le gusta producir cocaína y venderla a los Estados Unidos", y advirtiendo que "no va a estar haciéndolo por mucho tiempo".
Estas declaraciones, que no descartan una operación similar a la de Venezuela en Colombia, han sido interpretadas como una amenaza directa a la soberanía nacional. La respuesta del presidente Petro ha sido igualmente contundente, calificando a Trump de "senil" y afirmando que juró no volver a tomar un arma, "pero por la patria tomaré de nuevo las armas que no quiero". Este intercambio ha movido la relación, históricamente basada en la cooperación en seguridad y lucha antidrogas, hacia un terreno de hostilidad abierta. Analistas señalan que este choque no solo pone en riesgo décadas de alianza estratégica, sino que también debilita la posición de Colombia en el hemisferio, en un momento de reconfiguración geopolítica. La personalización del conflicto, con un lenguaje que abandona los canales diplomáticos tradicionales, introduce un nivel de imprevisibilidad que podría tener consecuencias económicas y de seguridad para Colombia, afectando desde la cooperación militar hasta la inversión extranjera y la estabilidad en la frontera.








