Esta perspectiva sugiere que el presidente ve a Cepeda más como un rival que como un heredero natural de su proyecto político. Un eventual gobierno de Cepeda podría relegar a Petro a la figura de un expresidente más, en lugar de mantenerlo como el líder soberano de la izquierda nacional. Esta dinámica de poder se ve exacerbada por el contexto internacional.
La captura de Nicolás Maduro y su juicio en Estados Unidos han puesto a Cepeda en una posición delicada. Sus adversarios políticos lo señalan por su histórica relación con las FARC y su defensa del régimen venezolano, temas que ahora son parte de un expediente judicial por narcoterrorismo en Nueva York. Esto convierte a Cepeda en un blanco político, ya que el caso Maduro amenaza con reabrir debates sobre los vínculos de la izquierda colombiana con actores armados y gobiernos cuestionados. La controversia en torno a Cepeda, quien lideraba algunas encuestas a finales de 2025, se convierte en un “plebiscito viviente” sobre la política de paz y las relaciones internacionales del progresismo. La forma en que se resuelva esta tensión interna será crucial para el futuro del Pacto Histórico y su capacidad para presentar un frente unido en las próximas elecciones presidenciales.













