Esta declaración, que alude directamente a su pasado como miembro de la guerrilla del M-19, representa un cambio significativo en su discurso como jefe de Estado. A través de un largo mensaje en sus redes sociales, Petro reaccionó a lo que denominó “amenazas ilegítimas” de Washington. “Juré no tocar una arma más desde el pacto de paz de 1989, pero por la patria tomaré de nuevo las armas que no quiero”, sentenció el mandatario, generando una ola de reacciones en el país. En su defensa, Petro negó rotundamente las acusaciones de narcotráfico: “No soy ilegítimo, ni soy narco, solo tengo como bien mi casa familiar que aun pago con mi sueldo”. Además, advirtió sobre las consecuencias de una posible intervención militar, augurando que “si bombardean campesinos se volverán miles de guerrilleros en las montañas” y que se “matarán muchos niños”. El presidente colombiano también expresó su confianza en el respaldo popular, solicitando al pueblo que lo defienda de “cualquier acto violento ilegítimo en su contra” y afirmando que “la forma de defenderme es tomarse el poder en todos los municipios del país”. Estas declaraciones marcan un endurecimiento radical en su postura, pasando de la diplomacia formal a un lenguaje de confrontación directa que apela a la movilización popular y a la resistencia armada, un hecho inédito para un presidente en ejercicio en la historia reciente de Colombia.