Uribe acusó a Petro de manipular la justicia y aprovechar la condena contra su hermano para “tapar los robos de su gobierno”, enumerando problemas como masacres, secuestros y el aumento de cultivos de coca. Petro respondió cuestionando a Uribe por “contar por muertos” y lo retó a presentar propuestas concretas en temas como la reforma agraria y las pensiones, defendiendo las cifras de reducción de homicidios de su administración. Este enfrentamiento no es aislado; se ha convertido en la narrativa central de la política nacional. Los artículos destacan la “reinvención de Álvaro Uribe y el uribismo”, que, tras un periodo de dificultades judiciales para su líder, ha retomado un papel protagónico en la oposición, con Uribe nuevamente como candidato al Senado y figura central en la campaña presidencial. Cada acción del gobierno, desde el aumento del salario mínimo hasta la propuesta de constituyente, es inmediatamente enmarcada por Uribe y sus seguidores como un paso hacia el autoritarismo, mientras que Petro y su base ven en Uribe la representación de un pasado que buscan superar.

Esta polarización extrema define las lealtades políticas y deja poco espacio para el centro.