Su poder se hizo tan visible que el presidente Petro lo dejó como presidente encargado durante varios de sus viajes al exterior.

Este movimiento centralizó el poder en una figura que, aunque clave en la campaña, representa un ala más pragmática y tradicional de la política, en contraste con el núcleo ideológico original del petrismo.

Mientras Benedetti ganaba terreno, su principal contrapeso interno, Laura Sarabia, se desvanecía, presentando su renuncia en julio de 2025.

El resultado es un Palacio más vertical, con Benedetti actuando como filtro, operador y heredero funcional del control cotidiano del Ejecutivo, redefiniendo las dinámicas de poder dentro del propio Gobierno.