El año 2025 marcó la consolidación de Armando Benedetti como el hombre más poderoso en la Casa de Nariño, después de que el presidente Gustavo Petro lo ubicara en el centro del mando político. Su nombramiento como Ministro del Interior le otorgó un control sin precedentes sobre la agenda del Gobierno y la relación con el Congreso. El ascenso de Benedetti fue progresivo y generó un remezón interno que desplazó a figuras del petrismo “puro”. Primero como jefe de despacho y luego como Ministro del Interior, se convirtió en el eje de la gobernabilidad y el principal operador de Palacio. Su creciente influencia provocó la salida de varios funcionarios que se opusieron a él o quedaron sin margen de maniobra, incluyendo ministros y directores de departamento. La entonces ministra de Justicia, Ángela María Buitrago, renunció denunciando presiones e “injerencias” en su cartera, señalando directamente a Benedetti.
Su poder se hizo tan visible que el presidente Petro lo dejó como presidente encargado durante varios de sus viajes al exterior.
Este movimiento centralizó el poder en una figura que, aunque clave en la campaña, representa un ala más pragmática y tradicional de la política, en contraste con el núcleo ideológico original del petrismo.
Mientras Benedetti ganaba terreno, su principal contrapeso interno, Laura Sarabia, se desvanecía, presentando su renuncia en julio de 2025.
El resultado es un Palacio más vertical, con Benedetti actuando como filtro, operador y heredero funcional del control cotidiano del Ejecutivo, redefiniendo las dinámicas de poder dentro del propio Gobierno.
En resumenArmando Benedetti se ha convertido en el 'superpoderoso' del gobierno Petro, centralizando el control político y la interlocución con otros poderes, lo que ha reconfigurado las alianzas y generado tensiones dentro del propio oficialismo.