Sus recientes intercambios en redes sociales, marcados por acusaciones mutuas sobre seguridad, justicia y corrupción, reflejan dos visiones irreconciliables del país y dominan el debate público.

El más reciente choque se desató a raíz de la condena en primera instancia contra Santiago Uribe, hermano del exmandatario. Uribe acusó a Petro de manipular la justicia para “tapar los robos de su gobierno, la plata que su Gobierno pagó a parlamentarios, las 75 masacres de este año, los secuestros”. En respuesta, Petro cuestionó el historial de Uribe en materia de seguridad, preguntándole en un tono desafiante: “¿Usted, señor Uribe, va a contar por muertos? ¿No sé cansó de hacerlo en su gobierno?”. El presidente defendió su gestión con estadísticas que, según él, muestran una reducción de homicidios, aunque estas cifras son objeto de debate. Uribe contraatacó con un video, reiterando que la condena contra su hermano es injusta y ampliando sus críticas al gobierno Petro, señalando una crisis en la salud, el aumento de la violencia y un presunto derroche estatal. Este enfrentamiento no solo revive disputas personales, sino que evidencia la lucha por el poder y la narrativa nacional.

Mientras Petro busca consolidar su proyecto político, Uribe, tras ser absuelto en su propio proceso judicial, ha retomado un papel protagónico como jefe de la oposición, buscando unificar una alianza anti-Petro de cara a las elecciones de 2026.