Este nombramiento provocó un remezón interno que resultó en la salida de figuras del “petrismo puro” y aliados importantes, como Gustavo Bolívar, Susana Muhammad, Gloria Ramírez y Juan Fernando Cristo. El poder de Benedetti se consolidó definitivamente cuando asumió como Ministro del Interior, convirtiéndose en el eje de la gobernabilidad y el encargado de las relaciones con el Congreso. Su influencia ha sido tal que ha provocado la renuncia de otros ministros, como Ángela María Buitrago y Eduardo Montealegre en la cartera de Justicia, quienes denunciaron presiones e “injerencias”. El artículo de análisis de 2025 afirma que “quien discutió con Benedetti, o quedó aislado, o salió”.

Su poder se hizo visible al ser designado presidente encargado durante viajes internacionales de Petro, mientras que su principal contrapeso interno, Laura Sarabia, renunció a su cargo en Presidencia.

El resultado es un palacio descrito como “más vertical”, con Benedetti actuando como filtro, operador y heredero funcional del control del Ejecutivo.