La Corte Constitucional se ha posicionado como el principal árbitro en el pulso de poder desatado por el decreto de emergencia económica del gobierno Petro, al decidir que revisará la medida después de la vacancia judicial. Esta determinación subraya la independencia del alto tribunal y establece un escenario de alta tensión entre los poderes Ejecutivo y Judicial para enero de 2026. A pesar de la presión para un pronunciamiento inmediato, los magistrados decidieron no convocar a sesiones extraordinarias, respetando el receso judicial. La discusión de fondo sobre la constitucionalidad del decreto comenzará formalmente a partir del 13 de enero.
Mientras tanto, el decreto y las medidas tributarias que se expidan bajo su amparo se presumen constitucionales y rigen de inmediato. El presidente Petro reaccionó a esta situación advirtiendo directamente a la Corte que “si decide derribar también el decreto, entonces la tasa de riesgo país será más grande y la insostenibilidad de la deuda se hará presente con una crisis económica grave”.
Esta declaración ha sido interpretada como una presión indebida sobre el tribunal. La Corte enfrenta el desafío de evaluar si la crisis fiscal argumentada por el Gobierno constituye un hecho “sobreviniente e imprevisible” o si, como argumentan los críticos, es el resultado de una gestión previsible y el Gobierno debió usar mecanismos ordinarios como el recorte del gasto. La decisión final del tribunal no solo sellará el destino de los nuevos impuestos, sino que definirá los límites del poder presidencial.
En resumenAl posponer el estudio del decreto de emergencia para después de la vacancia judicial, la Corte Constitucional reafirma su rol como contrapeso al poder Ejecutivo. La futura decisión del tribunal será crucial para el equilibrio de poderes y la estabilidad económica del país, en medio de las advertencias del presidente Petro sobre las consecuencias de un fallo adverso.