El último semestre legislativo de 2025 culminó con un balance pobre para el gobierno de Gustavo Petro, evidenciando una profunda ruptura en las relaciones con el Congreso. Esta fractura, que tuvo como detonante la elección de un magistrado en la Corte Constitucional, se tradujo en el hundimiento de reformas clave y en un ambiente de desgano y ausentismo en el Capitolio. Según el ministro del Interior, Armando Benedetti, el punto de quiebre fue la elección de Carlos Camargo como magistrado de la Corte Constitucional en septiembre, un resultado que el presidente Petro interpretó como una afrenta directa. “Desde ese día el gobierno entendió el mensaje del Congreso”, afirmó Benedetti, justificando la decisión de “cortar la relación” burocrática y política con los partidos. A partir de ese momento, la gestión legislativa del gobierno se vino abajo.
Las reformas a la salud y tributaria, dos pilares de su agenda, fueron archivadas.
El ministro Benedetti, antes un articulador clave, se mostró ausente, mientras que otros ministros tuvieron que gestionar apoyos de manera individual con resultados mixtos.
El Congreso, por su parte, le cobró al gobierno su distancia.
Bancadas de partidos como el Liberal, La U y Conservador respondieron a la falta de comunicación y atención a sus peticiones con ausentismo, rompiendo el quórum en debates importantes como el de la jurisdicción agraria. Este clima de confrontación y parálisis legislativa ha dejado al gobierno con escasos triunfos y lo ha forzado a buscar vías alternativas y controvertidas, como la emergencia económica, para sacar adelante su agenda.
En resumenLa relación entre el gobierno Petro y el Congreso se encuentra en un punto muerto, marcada por la desconfianza y la falta de diálogo. Este quiebre ha paralizado la agenda legislativa del Ejecutivo y ha sido el catalizador de derrotas significativas como el hundimiento de las reformas a la salud y tributaria, redefiniendo el balance de poder para el último tramo del mandato.