El gobierno de Estados Unidos designó al Clan del Golfo como Organización Terrorista Extranjera (FTO) y Terrorista Global Especialmente Designado (SDGT), una decisión que complica significativamente el proceso de diálogo que el gobierno de Gustavo Petro adelanta con este grupo armado. La medida, anunciada por el Departamento de Estado, llega en un momento clave de la negociación, justo cuando se había acordado la creación de Zonas de Ubicación Temporal (ZUT) como paso previo a la desmovilización. La inclusión del Clan del Golfo, también autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), en esta lista negra implica severas sanciones económicas y legales.
La ley estadounidense prohíbe el “apoyo material” a estas organizaciones, un concepto amplio que puede incluir desde financiación hasta servicios logísticos, asesoría o intermediación.
Esto crea un riesgo jurídico para los países facilitadores del proceso, como Catar, que ha financiado la logística de la mesa de diálogo. Aunque Catar ha mediado con otros grupos designados como terroristas, como Hamás o los talibanes, esos procesos contaban con el aval de Estados Unidos, algo que no ocurre en este caso, donde la administración Trump ha mostrado desconfianza hacia la política de 'Paz Total'. La designación del EGC como terrorista, calificado por el secretario de Estado Marco Rubio como una “organización criminal violenta”, dificulta la logística, la financiación y la legitimidad de la negociación, y reduce las garantías jurídicas para los combatientes que consideren acogerse a la justicia, poniendo en jaque uno de los avances más concretos de la 'Paz Total'.
En resumenLa clasificación del Clan del Golfo como organización terrorista por parte de Estados Unidos representa un obstáculo formidable para la 'Paz Total' de Petro. La medida pone en riesgo el apoyo internacional, especialmente de Catar, y complica el marco jurídico y logístico de una negociación que buscaba ser un pilar de la política de paz del gobierno.