Aunque esta estrategia permite a los políticos ganar visibilidad y medir fuerzas tempranamente, los analistas recuerdan que no garantiza el éxito electoral, citando el caso de Germán Vargas Lleras en 2018, quien recogió millones de firmas pero no pasó a segunda vuelta. El proceso evidencia la crisis de los partidos y la creciente personalización de la política.