Mientras la derecha debate sobre mecanismos de unificación, las fuerzas de izquierda y centro también muestran signos de fragmentación que podrían debilitar sus posibilidades en las elecciones de 2026. La falta de cohesión y las diferencias internas amenazan con dividir el voto y dificultar la construcción de bloques políticos sólidos. En la izquierda, a pesar del liderazgo del Pacto Histórico, la posible ausencia de figuras como el exgobernador del Magdalena, Carlos Caicedo, y Daniel Quintero de la consulta interpartidista de marzo podría restarle más de medio millón de votos a este sector. Las diferencias de Caicedo con el presidente Petro y la situación de Quintero afectarían la votación y la percepción de unidad. Además, la aparición de múltiples listas al Congreso por parte de la izquierda, como las impulsadas por Roy Barreras y la coalición entre Fuerza Ciudadana y Comunes, compiten directamente con la del Pacto Histórico, lo que, según el presidente Petro, podría dividir el voto y afectar el resultado final. Por otro lado, la coalición de centro parece carecer de cuerpo y de un norte claro.
Los precandidatos Sergio Fajardo y Claudia López se encuentran muy rezagados en las encuestas frente a los punteros, y sus diferencias políticas parecen irreconciliables.
Este bloque adolece de una base partidista fuerte y sus cálculos parecen más enfocados en una eventual segunda vuelta que en consolidar una fuerza competitiva para la primera, lo que diluye su influencia en el escenario actual.
En resumenLa fragmentación no es exclusiva de la derecha; las coaliciones de izquierda y centro también enfrentan divisiones que comprometen su fuerza electoral para 2026. La dispersión de candidaturas y listas al Congreso podría resultar en una pérdida de votos y escaños, dificultando la consolidación de proyectos políticos alternativos y viables.