Para Colombia, esto plantea dilemas urgentes en tres frentes.
Primero, un riesgo de militarización ampliada, ya que la NSS autoriza operaciones de fuerza letal contra cárteles del narcotráfico, lo que podría implicar acciones estadounidenses en territorio nacional. Segundo, el tratamiento de la migración como un desafío de seguridad existencial para Washington, lo que podría presionar a Colombia para que actúe como un 'muro de contención' con altos costos humanitarios y administrativos.
Tercero, una intensa presión en la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China, forzando a Colombia a reconsiderar sus crecientes vínculos con el gigante asiático en infraestructura, energía y tecnología.
La estrategia también impulsa el 'nearshoring' de cadenas productivas, pero bajo condiciones asimétricas que incluyen la exclusión de proveedores chinos y contratos preferenciales para empresas estadounidenses. Este enfoque reduce el margen de maniobra de Colombia para diversificar sus socios comerciales y modelos de desarrollo.










