La Universidad Nacional de Colombia atraviesa una profunda crisis de gobernabilidad tras la anulación judicial de la designación de Leopoldo Múnera como rector. Este prolongado conflicto evidencia una intensa lucha de poder entre el Gobierno Nacional, que busca mayor influencia en la educación superior, y los órganos de autonomía universitaria. El conflicto se originó con la elección inicial de Ismael Peña como rector por parte del Consejo Superior Universitario (CSU), una decisión que ignoró la victoria de Múnera en la consulta estamentaria. Representantes del gobierno Petro en el CSU, argumentando irregularidades en el proceso, lograron revertir la decisión y nombrar a Múnera. Sin embargo, la Sección Quinta del Consejo de Estado tumbó este segundo nombramiento, al considerar que el CSU actuó sin competencia, pues el proceso ya había concluido con la elección de Peña. Tras el fallo judicial, Leopoldo Múnera presentó su renuncia, la cual fue aceptada por el CSU en una sesión extraordinaria.
Con cinco votos a favor, el Consejo declaró la vacancia del cargo y designó como rector encargado a Andrés Felipe Mora, actual vicerrector general.
Esta decisión deja a la institución en un limbo administrativo y jurídico, con un sector pidiendo la restitución de Peña y otro exigiendo un nuevo proceso de designación desde cero para resolver la incertidumbre y reducir las tensiones internas. La Procuraduría, por su parte, investiga a los miembros del CSU que eligieron a Múnera, lo que añade otra capa de complejidad a la crisis institucional.
En resumenLa batalla legal y política por la rectoría de la Universidad Nacional ha dejado a la institución sin un rector titular, sumida en la incertidumbre y en medio de un pulso entre la autonomía universitaria y la influencia del Gobierno. La designación de un rector encargado es una solución temporal mientras se define una salida definitiva a la crisis.