El presidente Gustavo Petro ha reavivado su propuesta de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, instando a la creación de un comité ciudadano para recoger firmas y presentar un proyecto de ley en 2026. Esta iniciativa, presentada como una vía para consolidar las reformas sociales que enfrentan bloqueos en el Congreso, ha sido recibida con amplio rechazo y escepticismo por parte de la oposición y analistas, quienes la consideran inviable y una distracción política. Durante una masiva concentración en la Plaza de Bolívar, el presidente Petro formalizó su llamado a que las “fuerzas sociales” lideren la recolección de firmas, con el objetivo de presentar la propuesta al nuevo Congreso el 20 de julio de 2026. Según el mandatario, la Constituyente no buscaría reformar toda la Carta Magna, sino aprobar normas puntuales para garantizar “los derechos y la justicia social”. La propuesta estuvo ligada a la gestión del ahora exministro de Justicia, Eduardo Montealegre, quien radicó un borrador de proyecto de ley antes de su renuncia, lo que fue visto como el último acto de su controvertida administración. Sin embargo, la oposición ha calificado la iniciativa como una “cortina de humo”.
Analistas como los citados en varios artículos señalan que el proyecto es inviable por los tiempos que requiere: entre 16 y 18 meses, lo que excede el mandato restante de Petro.
Además, para ser convocada, necesitaría la aprobación por mayoría en ambas cámaras del Congreso y luego el respaldo de al menos una tercera parte del censo electoral, es decir, cerca de 13.7 millones de votos, una cifra muy superior al apoyo electoral del presidente. Por estas razones, la propuesta es vista más como una estrategia de movilización política que como un proyecto con posibilidades reales de materializarse.
En resumenEl impulso del presidente Petro a una Asamblea Constituyente se perfila como una apuesta política de alto calibre para superar el estancamiento legislativo, pero enfrenta enormes obstáculos legales, temporales y de apoyo político, lo que lleva a muchos a considerarla una maniobra inviable y polarizante.