En una decisión de alto impacto político y judicial, la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá revocó la condena de 12 años de prisión contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez por los delitos de soborno en actuación penal y fraude procesal, y en su lugar lo absolvió. El fallo representa una contundente victoria para el exmandatario y un revés para sus opositores, aunque la batalla legal continuará en la Corte Suprema de Justicia. El tribunal argumentó que no existían pruebas suficientes para demostrar que Uribe fue el “arquitecto ni el manipulador de testigos”. Los magistrados criticaron duramente el fallo de primera instancia de la jueza Sandra Heredia, señalando “errores metodológicos”, “falacias interpretativas” y una “valoración sesgada de las pruebas”.
Además, declararon ilegales las interceptaciones telefónicas al expresidente, al considerar que violaron su derecho a la intimidad.
La decisión generó reacciones inmediatas en todo el espectro político. El uribismo y juristas afines celebraron el fallo como una victoria del derecho y la justicia. En contraste, la Fiscalía General de la Nación y las víctimas acreditadas en el proceso, como el senador Iván Cepeda y el exministro Eduardo Montealegre, anunciaron que interpondrán un recurso extraordinario de casación ante la Corte Suprema de Justicia, el último recurso legal disponible, que podría tardar hasta cinco años en resolverse. La absolución de Uribe no solo reconfigura el panorama judicial, sino que también revitaliza su figura política de cara a las elecciones de 2026, donde se espera que su influencia sea decisiva.
En resumenLa absolución de Álvaro Uribe por el Tribunal Superior de Bogotá marca un punto de inflexión en el llamado 'juicio del siglo', fortaleciendo su posición política, aunque el caso no está cerrado y su definición final queda en manos de la Corte Suprema de Justicia.