Esta escalada diplomática desató una crisis política y una ola de reacciones en todo el espectro político colombiano. La arremetida de Trump, difundida a través de sus redes sociales, califica los pagos de Estados Unidos a Colombia como “una estafa a largo plazo” y amenaza con una intervención directa si el gobierno colombiano no erradica los cultivos ilícitos. Las declaraciones se produjeron en un contexto ya deteriorado, marcado por la reciente descertificación de Colombia en la lucha antidrogas y las denuncias de Petro sobre un supuesto ataque estadounidense a un pescador colombiano en aguas del Caribe. La respuesta del presidente Petro fue contundente, afirmando que Trump está “engañado de sus logias y asesores” y reivindicándose como “el principal enemigo que tuvo el narcotráfico en Colombia en el siglo XXI”. En su defensa, Petro agregó: “Tratar de impulsar la paz de Colombia no es ser narcotraficante”. El choque verbal generó un cierre de filas institucional en Colombia. El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, calificó las palabras de Trump como “un irrespeto hacia todos los colombianos”, mientras que el procurador general, Gregorio Eljach, exigió “alguna evidencia fáctica, que no la creo, para hacer tan radical afirmación”. La crisis también fue capitalizada por la oposición; la precandidata Vicky Dávila respaldó las acusaciones, afirmando que “es cierto que Petro ha permitido el avance del narcotráfico”.
Por su parte, el precandidato David Luna le exigió a Petro romper relaciones con el régimen de Nicolás Maduro. Analistas y exfuncionarios como José Manuel Restrepo alertaron sobre el grave impacto económico que podría tener el deterioro de la relación comercial y de cooperación con Estados Unidos, responsabilizando al gobierno Petro por un “pésimo manejo de las relaciones diplomáticas”.













