La controversia inició cuando Petro, a través de su cuenta en X, declaró: “Indicios muestran que la última lancha bombardeada era colombiana con ciudadanos colombianos en su interior.
Espero que aparezcan sus familias y denuncien”.
La Casa Blanca reaccionó calificando las afirmaciones de “infundadas y reprochables” y solicitó una retractación pública para “retomar un diálogo productivo”.
Lejos de retractarse, el presidente colombiano redobló su postura y exigió a Estados Unidos que proporcionara información sobre las víctimas. “Que la Casa Blanca nos dé la información de las personas que han muerto por misiles de los EE.
UU., para saber si mi información es infundada”, publicó.
La situación se complejizó cuando el periódico The New York Times, citando a dos funcionarios estadounidenses no autorizados para hablar públicamente, confirmó que “había colombianos a bordo de al menos una de las embarcaciones destruidas recientemente por Estados Unidos”. Este incidente se suma a una serie de desencuentros entre las administraciones de Petro y Trump, que incluyen la descertificación de Colombia en la lucha antidrogas y la suspensión temporal de la visa del mandatario colombiano.













