Este suceso ha redefinido el panorama geopolítico de la región, generando una mezcla de celebración, condena e incertidumbre sobre el futuro de Venezuela. La intervención, que según el secretario de Guerra de EE. UU. involucró a cerca de 200 soldados, se ejecutó en Fuerte Tiuna y sus alrededores, causando un número significativo de víctimas. El gobierno venezolano confirmó la muerte de al menos 26 uniformados, mientras que Cuba reportó el fallecimiento de 32 militares de su equipo de seguridad que protegían a Maduro. Tras su detención, Maduro y Flores fueron trasladados a una prisión federal en Nueva York para enfrentar un juicio por cargos de “narcoterrorismo” y “posesión de armas de guerra”. Testimonios de testigos y reportes de prensa reconstruyen una noche de bombardeos y confusión en la capital venezolana. El presidente Donald Trump, quien monitoreó la operación desde una 'sala de guerra' improvisada, la comparó con ver “un programa de televisión”. La operación también ha generado interrogantes sobre el uso de un posible 'arma secreta', ya que un guardia venezolano afectado testificó que “algunos vomitaban sangre”.

El exlíder chavista envió un primer mensaje desde prisión a su familia: “Estamos bien, somos luchadores”.

Este acto de intervención directa ha sido calificado como un precedente peligroso que revive doctrinas intervencionistas en América Latina.