Estas acciones han consolidado el control estadounidense sobre el petróleo del país suramericano, pero también han elevado significativamente las tensiones con potencias como Rusia y China.

Una de las incautaciones más notorias fue la del buque 'Marinera', anteriormente conocido como 'Bella 1', que navegaba con bandera rusa.

El barco, que ya estaba sancionado por el Departamento del Tesoro, había estado evadiendo a la Guardia Costera estadounidense durante semanas antes de ser abordado en el Atlántico Norte. La operación fue anunciada por el Departamento de Justicia y el Departamento de Guerra. La reacción de Rusia no se hizo esperar. Moscú denunció que la incautación violaba el derecho marítimo internacional y, en un movimiento de escalada, envió al menos un buque de guerra para escoltar al petrolero, aunque la captura finalmente se concretó. China también condenó enérgicamente la acción, calificando el bloqueo naval de Estados Unidos como “ilegal”. Estas operaciones forman parte de una campaña de “presión marítima” que la administración Trump ha intensificado tras la captura de Nicolás Maduro, buscando cortar por completo las fuentes de ingreso del chavismo y asegurar el control sobre las exportaciones de crudo venezolano. La Marina estadounidense ha estado activamente “a la caza de petroleros en el Atlántico”, según describen algunos informes.