Las reacciones reflejan las actuales tensiones geopolíticas y las distintas alineaciones ideológicas a nivel global.

En América Latina, los gobiernos de izquierda lideraron el rechazo. El presidente de Brasil, Lula da Silva, calificó la acción como el cruce de una “línea inaceptable”, mientras que los mandatarios de Colombia, México y Chile expresaron su “profunda preocupación” y emitieron un comunicado conjunto con España y Uruguay, rechazando el uso de la fuerza y cualquier intento de control externo sobre los recursos de Venezuela. Colombia, además, llevó el caso al Consejo de Seguridad de la ONU, denunciando una “violación del derecho internacional”. Por otro lado, aliados de Washington como el gobierno de Javier Milei en Argentina celebraron la operación. Los principales adversarios de Estados Unidos, Rusia y China, condenaron la intervención y exigieron la liberación inmediata de Maduro. El Kremlin cuestionó la legalidad de las acciones estadounidenses, especialmente la incautación de buques petroleros, mientras Pekín acusó a Trump de actuar por intereses petroleros.

Otros aliados del chavismo como Cuba e Irán también criticaron duramente la operación.

En contraste, Israel felicitó al presidente Trump por la captura. Organismos como la ONU, a través de su secretario general António Guterres, expresaron preocupación por la legalidad de la operación y su amenaza a la estabilidad regional.