Aunque Rodríguez inicialmente desafió a Washington, declarando que “Nicolás Maduro es el único presidente”, también ha mostrado una postura pragmática, proponiendo una “agenda de cooperación” con Estados Unidos “en el marco de la legalidad internacional”. Esta dualidad refleja la encrucijada en la que se encuentra: mantener la lealtad al chavismo mientras navega las exigencias de la Casa Blanca.
El presidente Trump ha sido claro en su postura, afirmando que Rodríguez está “cooperando” pero también lanzando una dura advertencia: si “no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente mayor que el de Maduro”. El secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó esta idea, sugiriendo que EE. UU. podría colaborar con el oficialismo si este acata las órdenes de Washington, manteniendo el embargo petrolero como una herramienta de presión. La administración Trump, según informes, optó por Rodríguez en lugar de la líder opositora María Corina Machado, siguiendo una recomendación de la CIA que la consideraba una figura con mayor control sobre las estructuras de poder del Estado, lo que facilitaría una transición ordenada según los intereses estadounidenses.












