Tras su captura, Maduro y Flores fueron trasladados a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo e importación de cocaína.

El gobierno venezolano, a través de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, calificó el hecho como una “agresión militar” y un “secuestro”, declarando un “estado de conmoción exterior”. La operación se justificó por parte de la administración Trump como una acción contra el narcotráfico, enmarcando a Maduro como el líder del 'Cartel de los Soles'. La acción militar fue posible, según informes, gracias a la colaboración de una fuente dentro del gobierno venezolano, incentivada por la recompensa de 50 millones de dólares ofrecida por Washington.