La primera fase busca evitar el caos, mientras que la segunda se centra en “asegurar que las empresas estadounidenses, occidentales y otras tengan acceso al mercado venezolano de manera justa”. La tercera fase contempla un proceso de reconciliación nacional. Para supervisar este proceso, Trump designó un triunvirato de funcionarios compuesto por el propio Rubio, el secretario de Guerra Pete Hegseth y el asesor Stephen Miller. El secretario de Energía, Chris Wright, confirmó que EE.
UU. planea controlar las ventas de petróleo venezolano de manera “indefinida”, utilizando los ingresos para la reconstrucción del país y para beneficiar a los consumidores estadounidenses. Trump anunció un acuerdo para que Venezuela entregue entre 30 y 50 millones de barriles de crudo y se comprometa a comprar “exclusivamente” productos fabricados en Estados Unidos, una medida que, según él, es “una decisión acertada y muy beneficiosa para el pueblo venezolano y para Estados Unidos”.












