Durante la noche del 5 de enero, se escucharon ráfagas de disparos y se reportó el sobrevuelo de drones cerca del palacio presidencial, sede del gobierno venezolano. Los hechos ocurrieron pocas horas después de que Delcy Rodríguez juramentara como presidenta encargada, lo que aumentó la sensación de crisis. Medios de comunicación y ciudadanos en redes sociales difundieron videos y testimonios de la situación en el centro de Caracas. Aunque el gobierno venezolano se pronunció posteriormente afirmando que la situación fue controlada, los incidentes generaron temor en la población. La periodista Carolina Bigott informó que, aunque los comercios comenzaban a abrir, la gente se mantenía cautelosa ante la intimidación de colectivos armados que patrullaban las calles en motocicletas. Esta presencia de grupos paramilitares afines al chavismo ha limitado la vida cotidiana y ha disuadido cualquier intento de celebración masiva por la captura de Maduro. Expertos atribuyen la aparente calma y la ausencia de júbilo popular al miedo aprendido durante años de represión y a un manejo de expectativas por parte de una ciudadanía que ha vivido múltiples crisis. La situación de seguridad en la capital sigue siendo frágil, con una mezcla de control por parte de las fuerzas leales al chavismo y la incertidumbre sobre el futuro inmediato del país.