La operación militar estadounidense en Venezuela no solo tuvo consecuencias políticas, sino que también dejó un saldo de víctimas civiles y extranjeras, destacando la muerte de una ciudadana colombiana y 32 combatientes cubanos. Estos hechos han añadido una dimensión humana trágica al conflicto y han confirmado la presencia de personal de seguridad de la isla en el país. El gobierno de Cuba confirmó oficialmente la muerte de 32 de sus ciudadanos durante los ataques del 3 de enero, calificándolos como combatientes que cumplían misiones solicitadas por las autoridades venezolanas y que protagonizaron una “fierce resistance” (resistencia feroz). La Habana decretó dos días de duelo nacional, un hecho que impactó a la isla y confirmó los rumores de larga data sobre la presencia de agentes de seguridad cubanos en Venezuela. Por otro lado, se reportó la muerte de Yohana Rodríguez Sierra, una comerciante colombiana de 45 años, oriunda de Cartagena, quien falleció durante los bombardeos en El Hatillo, estado Miranda. Según el relato de sus familiares, se encontraba en el patio de su vivienda con su hija cuando un segundo misil impactó en el lugar. El presidente Gustavo Petro condenó el hecho, preguntando a quienes celebraban la operación: “¿aplauden que mataron a una madre colombiana?”.
Responsabilizó directamente a Donald Trump por su muerte.
Aunque el gobierno venezolano no ha presentado un balance oficial de víctimas, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, acusó a EE. UU. de “asesinar a sangre fría” a miembros de la seguridad de Maduro y a “civiles inocentes”. Medios estadounidenses, por su parte, han llegado a citar cifras de hasta 80 muertos en total.
En resumenMás allá de la captura de Maduro, la intervención estadounidense dejó un rastro de víctimas mortales, incluyendo 32 cubanos y civiles como una ciudadana colombiana. Estas muertes han sido condenadas por los gobiernos de Cuba y Colombia, y evidencian el costo humano de la operación militar en Venezuela.